lunes, 17 de noviembre de 2008

Ya no está tan triste...





Hubo una etapa en mi vida dónde la única palabra que solía resaltar en mi mente era "tristeza", por lo general cuando la gente me preguntaba, "cómo estás?", yo respondía con vos baja (siempre) "uhm...no sé". No era difícil reconocer en mí la pena que, usualmente, me embargaba, pasó de ser un estado transitorio a algo permanente.
Pero al pasar los años, y quizás con esto me voy dando cuenta cómo he ido madurando, siento que toda esa pena, ése fuerte dolor psíquico (que de lo extremo llegaba a afectarme físicamente), esa tristeza constante...se fueron transformando en recuerdos que he ido enterrando en el tiempo. Me doy cuenta que antes cuando no obtenía lo que quería hasta me sentía morir...en cambio ahora estoy tan conforme con lo que tengo y he logrado, que a pesar de no tenerlo todo, y de aún desear muchas cosas (materiales de por sí), tengo lo fundamental para el ser humano.
Una familia que a pesar de peleas, distanciamientos y diferencias de pensamientos, siempre estará conmigo...puede que el día de mañana no estemos unidos físicamente, como ha sido en estos últimos años, pero con tenerlos presentes en mi mente, con recordar palabras, olores, gestos, retos, y tantas cosas, ya es como si estuviéramos tan juntos como en los viejos tiempos.
También están mis amigos, personas muy diferentes entre sí, muy diferentes a mi, pero tan iguales en cuanto al afecto que nos entregamos mutuamente. Ellos son definitivamente mi segundo amor. Los aprecio tanto como el tesoro más grande que una persona pueda buscar o encontrar, quizás actualmente ya no los veo tanto como cuando recien comenzamos nuestra amistad...pero, acaso es necesario tener a tu lado todos los días para expresarle todo el amor y admiración que sientes por ellos?
Después de años de auto desprecio, tristeza, penurias, y de abandonarme a mi misma, siento que al final de cuentas sí lo tengo todo, sólo me hacía falta distinguirlo frente a tanta oscuridad.
 

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